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APERTURA Señor
Intendente, Señor Presidente de la Comisión del Patrimonio
Cultural, Señora Presidenta de la Sociedad de Arquitectos. Les doy los muy buenos
días y la bienvenida a todos los presentes, en esta instancia de
apertura de un nuevo Seminario de Arquitectura Latinoamericana. En esta apertura considero necesario efectuar un reconocimiento a quienes han tenido una tarea ardua de preparación desde las instituciones convocantes, en el comité organizador y el comité académico, desde la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, institución que asumió con entusiasmo y compromiso su tarea y movilizó a sus recursos materiales e intelectuales; a todos los coordinadores nacionales y a los ponentes, invitados y conferencistas, quienes con su esfuerzo, porfesionalismo y entusiasmo, han hecho posible esta realidad de hoy. A modo de breve introducción, quiero comunicarles algunas ideas con la intención de iniciar el debate tan esperado. Para nosotros los uruguayos, es una circunstancia muy estimulante el compartir con colegas de toda América estos cuatro intensos días de reflexión, cuatro días con una muy exigente agenda de análisis, de diálogos, de confrontación de ideas y de debate acerca de los problemas y de las experiencias auspiciosas, acerca del presente y del futuro de la ciudad latinoamericana, de todas y cada una de nuestras ciudades latinoamericanas, en todos y cada uno de nuestros países. La arquitectura latinoamericana
celebra en Montevideo, en estos días un nuevo encuentro, el décimo
desde 1985. En el actual escenario planetario, escenario de mundialización, al que muchos llaman “mundo global”, nuestro continente americano presenta ante el mundo un perfil específico: el perfil de la exclusión y la dependencia, conjuntamente con el de la rebeldía y la esperanza cierta de construir un mundo mejor. Ha sido largo el camino
recorrido en estos casi veinte años. Están hoy, presentes en nuestro recuerdo, entre otros, Eladio Dieste y Marina Waisman, entre tantos de aquellos protagonistas que como Ramón, como Mariano y como muchos de los que estando presentes ahora mismo en esta sala, gestaron y aportaron al desarrollo del pensamiento libre de preconceptos, de la crítica incisiva, de un posicionamiento propio e independiente y el estímulo a la creación en la arquitectura latinoamericana contemporánea, aquellos que impulsaron y animaron a los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana en sus sucesivas ediciones. Culminará ciertamente con la realización de este X Seminario, un ciclo en la corta historia de los SAL, que se iniciaron en tiempos de resistencia y también de esperanza, en tiempos de romper las barreras del pensamiento encarcelado y enfrentar a la cultura oficial, eurocéntrica, hueca, complaciente con el poder, tolerante con la prepotencia, intolerante con nuestras carencias y debilidades, servicial frente a modas intelectuales impuestas desde contextos sociales y culturales ajenos a nuestras comunidades nacionales y a nuestras realidades. Hoy los tiempos son
otros: el mundo ha cambiado en estos casi veinte años y nosotros
también hemos cambiado mucho. Los cuatro
centros temáticos que se habrán de abordar: teoría
y práctica de la gestión territorial y urbana, transformaciones
y permanencias, patrimonio urbano, reflexiones teóricas y discursos
histórico-críticos, han obtenido una más que interesante
respuesta en términos de ponencias y comunicaciones, lo cual establece
una base sólida para plantear el intercambio y la discusión. No es una circunstancia
casual que la realización de este X Seminario coincida con dos
actividades sumamente relevantes que estarán aconteciendo simultáneamente
acá mismo, en estos mismos días, en la ciudad de Montevideo. La primera de estas
actividades es la realización en la ciudad de Montevideo de la
IX Cumbre de las Mercociudades, encuentro de una amplia red de ciudades
del MERCOSUR más Chile y Bolivia, que aglutina a casi cien ciudades
de nuestra región; se trata de una reunión que se celebra
en un contexto auspicioso para el proyecto de integración regional
procurando realizar un aporte específico, renovador y democratizador,
desde el ámbito de las ciudades, abordando cuestiones convergentes
con las que estaremos tratando aquí. Tal como
lo señala la convocatoria a este encuentro, “el contexto
latinoamericano, se refiere no a una delimitación geográfica,
sino a un pasado y patrimonio común, a una problemática
actual compartida y al compromiso de construir un futuro común”;
dentro de ese contexto, la preocupación central de hoy es la ciudad. ¿De cuál
ciudad estaremos hablando? Sin embargo, a la vez, la ciudad latinoamericana, las ciudades latinoamericanas todas, pueden ciertamente también ser el territorio de la rebeldía y de la belleza, el espacio de la magia y de la poesía, el fermento de la democracia, la plataforma del desarrollo económico y social, el escenario de la solidaridad, la justicia y de la equidad. Las ciudades latinoamericanas, nuestras ciudades, surgidas y desarrolladas en este explosivo e intenso itinerario histórico a lo largo de más de cinco siglos, fueron desde su origen, desde siempre, protagonistas principales y a la vez testigos privilegiados. Testigos y protagonistas del “descubrimiento”, sometimiento y colonización de un continente de desmesuras, de la conquista y de la dominación colonial y neocolonial; protagonistas y testigos de las luchas de independencia y de liberación nacional, de las aspiraciones de igualdad social y los sueños revolucionarios del siglo XX, de los genocidios y las dictaduras, de la emergencia protagónica de las masas populares y los populismos; testigos y protagonistas enfrentamientos y conflictos, de encuentros y desencuentros, de las aportaciones culturales innovadoras en el campo del pensamiento, de la literatura, del arte, de la ciencia, la técnica, y de la invención creativa en sus más diversas expresiones. En el actual escenario
planetario, la ciudad latinoamericana contemporánea contempla un
amplio y variado registro de situaciones y problemáticas específicas. ¿Qué
de común hay en ellas y entre ellas? La ciudad
latinoamericana ha dejado ya de ser, como fuera en el pasado, el escenario
privilegiado de las élites dominantes, ámbito de acogida
de oleadas de inmigrantes, cuna de un numeroso proletariado industrial,
cinturón de pobreza en el que residen los campesinos pobres expulsados
del mundo rural. En la actualidad,
en nuestras ciudades residen crecientes contingentes de pobres urbanos,
generaciones ya nacidas en los centros históricos en decadencia,
en los barrios tradicionales descaecidos, en las antiguas barriadas obreras
abandonadas, en las nuevas periferias desestructuradas y anómicas.
Todo ello conforma los nuevos datos de un paisaje en tensión y en transformación, en el cual nos toca, irrenunciablemente, actuar. Algunos de los desafíos
centrales de nuestro tiempo, encuentran en el espacio e la ciudad su interpelación
esencial. Nosotros, arquitectos latinoamericanos, en tanto realizadores, historiadores, críticos, urbanistas, gestores públicos, académicos, somos concientes que tenemos una responsabilidad concreta. La arquitectura latinoamericana tuvo su espacio de desarrollo y verificación en la ciudad; allí osciló entre la respuesta acrítica y funcional a las élites dominadoras y el fértil cuestionamiento al estatu quo, asumiendo a la vez la proposición de alternativas superadoras. En la fábrica
y en la escuela, en el ámbito portuario y en la Universidad, en
el entorno barrial y en el centro urbano, en el encuentro plural y diverso
de múltiples perfiles sociales y étnicos, en la confrontación
de ideas y de proyectos, se forjó, en la mezcla, en la contaminación
recíproca, en una matriz ideológica ecléctica, en
el sustrato de una sociedad aluvional, la identidad singular de la ciudad
latinoamericana. La ciudad latinoamericana, en este siglo XXI, convulsionado, violento, contradictorio, pero también auspicioso, aún hoy sigue siendo un lugar para cultivar la utopía y para ejercitar empecinadamente la esperanza; es la ciudad latinoamericana que estamos convencidos será, como profetizó treinta años atrás, en medio de la tragedia, el Presidente Allende, el lugar en el cual, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor. Nos deseo a todos éxito en los trabajos y un entusiasmo acorde con la temática que nos convoca. Muchas gracias. |